Últimos chistes de Vendedores

Un vendedor de tomates salía a la puerta de su negocio gritando:
¡Vendo tomates, vendo tomates!
Pero resulta que al lado había una tienda de animales que tenía un loro muy burlón que repetía todo lo que oía, y al oír al vendedor decía:
¡Vendo tomates, vendo tomates!
El vendedor harto de que se burlara de él le tiró un tomate al loro dándole en un ojo y siguió gritando:
¡Vendo tomates, vendo tomates!
Pero el loro seguía repitiendo:
¡Vendo tomates, vendo tomates!
El vendedor muy cabreado le tiró otro tomate dándole al loro en el otro ojo, y siguió gritando:
¡Vendo tomates, vendo tomates!
En esto el loro respondió:
¡Vendo cupones, vendo cupones!
Un gangoso que entra en una tienda de deportes:
Oiga, ¿Tiene zapatillas?
¿Puma?
Venga, vale, un cigarrito.
Resulta que llega un señor a un abasto y el vendedor era muy odioso y le pregunta el señor:
Disculpe, ¿Es blando ese queso?
El vendedor voltea y mira el queso y le responde:
La verdad es que tiene tres días aquí, y no me ha dirigido la palabra todavía.
Entra un español en unos grandes almacenes de Taiwan y le pregunta al dependiente:
Por favor, ¿maletas?
Y el dependiente le responde:
Sí señol queda usted alestado.
Había una vez un señor que fue a comprar una estufa y le pregunta al dueño del local:
¿Cuánto cuesta ese televisor de 50 pulgadas?
El dueño le responde:
$1.000
Entonces, el señor le pregunta:
¿Y cuánto vale esa estufa?
El dueño del local responde:
$1.000.000
Entonces, el señor le dice:
¡Esto es una estafa!
A lo que el dueño de local responde:
¡No, es una estufa no una estafa!
Deme un gel de baño.
¿Con sales o sin sales?
Hummmmm mejor sin sales, que estoy a dieta.
Estaba una señorita en la carnicería y le pide al carnicero:
Deme el pollo más grande que tenga.
El carnicero le lleva el pollo y le dice:
Este es el más grande que hay.
En ese momento el gerente llega y dice:
No señorita, aquí tenemos los pollos más grandes del país y llama al carnicero para que vaya a la bodega.
En la bodega donde guardan la carne murmuraban el gerente con el carnicero:
Este es el más grande y único pollo que tenemos, así que anda a decirle que éste es el más grande que hay, pero es el mismo.
El carnicero va donde la señorita y le dice:
Este es aún más grande.
La señorita le responde:
Deme ese, y también me voy a llevar el otro que me ofreció.
Me da una barra de pan, por favor.
Lo siento, tiene que ser rayado.
Me da una barra de pan, me da una barra de pan, me da una barra de...
Va un tipo vendiendo arepas, y dice:
¡Arepas y arepitas, arepas y arepitas!
Y un tipo al verlo le dice:
Oiga, ¿Cuánto valen las arepas?
Y le contesta el vendedor:
Cien pesos.
Entonces, el hombre le pregunta:
¿Y las arepitas?
Y le contesta:
Cien pesitos.
Un hombre llega a la casa del panadero que quedaba al lado de la panadería, a las cuatro de la madrugada, y golpea la puerta.
El panadero se asoma por la ventana medio dormido y en pijamas.
¿Qué quiere a esta hora?
El hombre le dice:
Disculpe que lo moleste a esta hora, ¿le queda pan?
El panadero responde:
Sí, sí me queda.
Y el hombre le contesta
¡Ve, eso le pasa por hacer mucho pan!
Un hombre entra en una tienda:
¿Me cambia este billete de 1.000 pesetas por tres monedas de 500, por favor?
¿Será por dos?
Y entonces, ¿Dónde está el favor?
En un mercado un tocinero gritaba:
¡Chicharrones de huyaba! ¡Chicharrones de huyaba!
Y una señora que pasaba por ahí le preguntó cómo sabían los chicharrones de huyaba, así que decidió comprar y le dice al tocinero:
¿Me da un cuarto?
El tocinero le responde:
Sí, cómo no.
La señora probó un pedazo y se regresó de inmediato a reclamarle al tocinero:
¡Esto no sabe a huyaba!
Y le responde el tocinero:
No sea tonta, huyaba se llamaba la marrana.
Este es un frutero que dice:
¡Vendo melones! ¡Vendo melones!
Dice el loro:
¡Y todos podrios! ¡Y todos podrios!
El frutero enfadado le mete un puñetazo al loro en el ojo.
A la mañana siguiente:
¡Vendo melones! ¡Vendo melones!
Contesta el loro:
¡Y todos podrios! ¡Y todos podrios!
Otra vez le da un puñetazo en el otro ojo.
Al otro día, dijo el frutero:
¡Vendo melones!
Dice el loro:
¡Y yo cupones!
Llama un señor a una zapatería y dice el dependiente:
Le atiende la zapatería Blanco, ¿En qué le puedo ayudar?
Lo siento, me he equivocado de número.
Y dice el dependiente:
Pues venga aquí y se los cambiamos.
Un señor vendía empanadas y decía:
¡Caliente las empanadas, caliente las empanadas!
Una señora le compró y estaba fría la empanada y, le preguntó al señor que por qué estaban frías y él le dijo que por eso:
¡Caliente las empanadas!