Últimos chistes de Locos

Un loco rasca con un solo dedo, siempre en el mismo sitio, la cuerda de un violín. Otro loco que lo observa le dice:
Pues yo, siempre he visto que los violinistas mueven contínuamente los dedos sobre las cuatro cuerdas.
Sí, tiene usted razón, pero ellos buscan el sitio y la nota. Yo en cambio, la encuentro enseguida.
En el manicomio pasa un loco y ve a otro que trata de insertar un hilo por la punta de una aguja.
Oye, el hilo se inserta por el ojo de la aguja, no seas tonto.
Así como tú dices, lo hace cualquiera, zángano.
Erase una vez dos vacas locas que le dice una a la otra:
¿Y si nos escapamos?
Y le dice la otra:
¿Pero tú estas loca?
Un loco boca abajo cantaba una canción. De repente se detiene y todos los otros locos lo dan vuelta y vuelve a cantar.
Todos empiezan a silvar y patalear.
¿La verdad? ¡Nos gustaba más el lado A.
Un día iba caminando por el centro y vi a un loco que iba con una botella de pisco en la cabeza, le pregunté:
Oye, ¿Por qué vas con una botella de pisco en la cabeza?
Entonces, me respondió:
Es que hoy me peiné con copete.
Este era un drogadicto, tan tonto, tan tonto, que en vez de pincharse con jeringuilla se pinchaba con cuchara.
Una vez un hombre iba caminando por la calle, y se tropieza con un señor que estaba redactando una carta con una máquina de escribir sentado en la acera de la avenida, y le dice:
¡Señor, el manicomio queda allá en frente!
Y el que escribía le respondió:
Disculpe, lo que pasa es que las oficinas están aquí afuera.
Había un loco que odiaba a un bancario que trabajaba cerca de su casa. Cuando el bancario salía de trabajar, el loco le decía:
¡Hey-hey!
El bancario alza su mirada y ve que el loco le dispara con la mano diciendo pum-pum-pum. El bancario se va sonriendo. Otro día el bancario sale de trabajar y el loco ya lo esperaba al filo del cuarto piso de su casa. Entonces, de nuevo el loco lo vuelve a llamar:
¡Hey-hey!
De nuevo, como lo odiaba, le vuelve a disparar pum-pum, el bancario se va riendo. El loco siempre lo esperaba al filito del cuarto piso para matarlo y el bancario se iba sonriendo.
Hasta que un día, el bancario sale muy enojado de su trabajo y el loco ya lo esperaba como siempre para matarlo al filito del 4to piso. El bancario pasa y el loco le dice:
¡Hey-hey! Pum-pum.
El bancario que no aguanta una, lo mira y le dice:
¡Loco tronado muere!, y con su mano hace pum-pum, el loco dice:
¡Oh!, se agarró la barriga y como estaba al filo se cayó.
El psiquiatra le dice a Rafael:
Rafael, por qué cree usted que está pescando.
No señor, yo no creo estar pescando.
Bueno, Rafael vaya a su habitación.
Ok, pero señor, ¿Qué hago con estos pescados?
Dos locos vienen caminando por aceras distintas, y se encuentran y establecen el siguiente diálogo:
Hermano, ¿qué día es hoy?
Dos y tres cuartos.
¡Ah! ¡Me pasé dos cuadras!
En un manicomio dos locos planeaban escaparse. Para lograrlo tenían que volarse por 100 puertas de 10 pies. El encargado de mantenimiento había dejado la escalera por error y los locos la escondieron y en la noche procedieron a fugarse.
Comenzaron pasando la primera, luego la segunda, la tercera, la cuarta, la 98, la 99 y se detienen cansados y uno le dice al otro:
Estoy agotado y no puedo más vamos a devolvernos.
Y ambos de acuerdo, se devolvieron.
En un manicomio estaban reunidos dos locos uno le dice al otro:
Oye compadre, nos deberíamos fugar de este lugar y ya tengo un plan elaborado.
Al rato, los dos locos salen con sus maletas al patio trasero del manicomio y comienzan a empujar el muro, cuando estos estaban empujando pasó un tercer loco y dice:
¿Les llevo las maletas?
A los minutos después le dice uno al otro:
Mire compadre, ya deje de estar empujando que ya ni las maletas miro.
Una vez entra un loco a una ferretería y le dice al dependiente:
Deme una libra de tabla.
El dependiente, sabiendo que las tablas se venden por pies o yardas se dice a si mismo, este quiere tomarme el pelo o cree que soy estúpido, pero le voy a seguir la corriente al loco este.
Seguido le dice el dependiente al loco:
Una libra de tabla, ¿Ah? ¿Se la pinto o se la envuelvo?
A lo que el loco le contesta:
¡No, démela así, me la voy a comer aquí mismo!
En un manicomio en el que una banda de puros locos se suben a una mata de mango que está en el patio trasero, y el psiquiatra de guardia no hallaba qué hacer para bajarlos de ese árbol sin que se lastimaran. En una de esas llega uno de los locos y le dice al doctor:
Ya va a ver como los hago bajar, y le demuestro quién de ellos es mentalmente sano.
Y el médico maravillado y asombrado le dice al loco:
Está bien, hazlo.
Y el loco se para al lado de la mata de mangos y grita:
¿Qué les pasa a los mangos maduros que no caen?
Y en eso se tiran una chorrera de locos y se desmadran con tal caída. Pero en el árbol quedan dos locos, y el loco que estaba abajo le dice al médico:
vio, vio, que no es mentira lo que yo le digo, ellos son sanos.
Y el médico al ver esta situación le pregunta a los locos desde abajo:
¿Y esos que no se lanzaron?
Y los locos trepados contestan:
Lo que pasa es que todavía no estamos maduros.
Una vez estaba el director de la clínica de locos recorriendo el establecimiento, en eso llega un loco que le pasa un martillo y un clavo, el director asombrado le dice:
¿Para qué me pasa este martillo?
El loco lo queda mirando y le dice:
Para entablillar una conversación.