Últimos chistes de Exageraciones

Un amigo le dice a otro:
Oye comprade, no sabes nada que subieron la bencina otra vez.
A lo que el compadre le responde:
¿Y tú de qué te preocupas si no tienes auto?
Y él le responde:
No, pero tengo encendedor poh'.
Esta es una señora un poco refinada, que va a una tienda, y en vez de decirle al carnicero:
¿Me deshuesa la pierna para rellenar, por favor?
Le dice:
¿Le puede quitar el femur a la pierna, por favor?
Era tan amarrete, pero tan amarrete, que cuando murió se fue al cielo a dedo.
Era tan educado, tan educado, que cuando una mujer desde su coche alargaba la mano por la ventanilla para indicar que iba a la izquierda, que se acercaba rápidamente y se la besaba.
Exageraciones:
Tiene más mensajes que el contestador del fugitivo.
Es más peligroso que un tiroteo en un ascensor.
Había dos hombres en el último piso de la estatua de la libertad y uno le dice al otro:
Mira aquella mosca que va pasando por allá.
Y el otro le dice:
Yo no la veo, pero sí la escucho.
Este era un hombre tan viejo, tan viejo, tan viejo, que cuando se murió el pobre hombre, el mar muerto estaba enfermo.
Tu madre es tan gorda, pero tan gorda, que cuando juega billar, lo hace con los planetas.
Era una señora tan chiquita, pero tan chiquita, que para pararse en el piso tenía que subirse en un banco.
Yo vivo en un pueblo tan, pero tan antiguo, que el sol todavía sale en blanco y negro.
Además, las casas son tan chicas, que cuando entra el sol nos salimos nosotros ya que somos de familia numerosa.
Después les diré que las ventanas de mi casa son tan chicas, que las moscas entran formaditas.
Algo que no faltan son lo animales, el ganado vacuno pobre está tan flaco, que en vez de tener animales tenemos lástimas.
Tu casa es tan chiquita, pero tan chiquita, que cuando ordenan una pizza grande se la tienen que comer afuera.
Llega un costeño de boca grande a tomarse una foto, y le dice al fotógrafo:
Quiero tomarme una foto, pero que no se me note la boca grande.
El fotógrafo le dice:
No se preocupe señor, yo le voy a decir cómo puede salir con la boca pequeña. En cuanto yo le diga, ¡ya! usted dice rojo.
De acuerdo, dice el costeño.
Entonces el fotógrafo se prepara y dice:
¡Ya!
Y el costeño dice:
¡COLORAAAADO!
Había un perro que se llamaba confite, se metió debajo de la cama y se lo comieron las hormigas.