Últimos chistes de Doctores

Sabe doctor, estoy muerto de miedo. Es la primera operación de mi vida.
Hombre, tranquilícese, deje de temblar, más miedo tengo yo, es mi primer trabajo de cirujano.
En el médico:
- Doctor, me duele esta pierna
- Eso es cosa de la edad
- Ya, doctor, pero esta otra pierna tiene la misma edad y no me duele...
Estando ya en el hospital, una parturienta primeriza recibe la visita de un médico que sacando su estetoscopio, le dice que necesita oír el foco para calcular cuánto tiempo se va a tardar en llegar el momento del parto. Después de oírle el vientre, sale apresurado sin decirle nada a la paciente.
A los quince minutos llega otro médico y le dice que se descubra por favor, para poder oírle nuevamente el foco y calcular el tiempo de llevarla a quirófano. A los veinte minutos otro nuevo doctor le dice lo mismo y se retira después de oírle el vientre con su aditamento. La paciente está nerviosa por no saber qué tiempo le falta para el parto, y llama con el timbre a la enfermera.
Sin embargo se presenta un trabajador que trae consigo una escalera y una petaca de herramientas, diciéndole simplemente que trae la orden de cambiar, ¡Un foco!
Doctor, ¿Cuántas autopsias ha realizado usted sobre personas fallecidas?
Todas mis autopsias las realicé sobre personas fallecidas.
¿Tiene estudios?
Sí, seis cursos de medicina.
Entonces, ¿Es usted ya médico?
Bueno, fueron primero, primero bis, segundo, segundo bis, tercero y tercero bis.
Doctor, doctor, mi hija se ha comido una ficha, ¿qué hago ahora?
Dice el doctor:
¡Pues que se cuente 20!
Un cirujano muy conocido, cobra mucho sus visitas, sobre todo a las personas acomodadas. Cierto día pidió 40.000 euros a un acaudalado banquero por una delicada operación que tenía que efectuarle. El paciente encontró el precio exagerado.
Eso tiene fácil arreglo, replicó el cirujano, puede usted ir a uno de mis colegas, el doctor Pérez, por ejemplo, a éste sólo tendrá que pagarle la mitad, o quizás menos de la mitad, es decir, usted o sus herederos.
Un paciente se quejaba con el psiquiatra de un problema que tenía desde hace mucho tiempo:
doctor, ya no aguanto cúreme, por favor.
Explíqueme, cuál es el problema.
Vea aquí abajo de mis brazos, estoy lleno de plumas, todos los días me salen por todas partes, por todo el cuerpo, me las quito y me vuelven a salir. Ya no sé que hacer, estoy cansado de esta situación.
Mmm, dijo el doctor, acuéstese allí, cierre los ojos, relájese, respire profundo y repita conmigo: Yo no soy ave, no tengo plumas, y nunca he tenido plumas. Repítalo tres veces.
El paciente así lo hizo y el doctor le ordenó:
Abra los ojos, respire profundo y póngase de pie, ahora, ¿Cómo se siente?
A lo que contestó el paciente:
Muy bien doctor, gracias, ya no tengo plumas, se lo agradezco.
Una vez que se fue el paciente, el doctor aplastó el botón del intercom y llamó a su enfermera.
Señorita, hágame el favor de venir inmediatamente y limpiar mi consultorio que está lleno de plumas.
En la consulta del médico:
¿Qué hay de particular?
De particular nada, todo lo paga el seguro.
Había un médico tan lento, tan lento que tenía que afeitar dos veces al paciente durante una cirugía.
Visité a un médico, y ¿Qué tal con la que me sale?
Este año no debe hacer nada que lo excite o lo entusiasme.
¿Ni siquiera besar?
Sólo a su esposa, recuerde.
En la Facultad de Medicina el profesor de anatomía pregunta a un estudiante:
¿En qué lado se encuentra el hígado en el hombre?
En la derecha, responde el alumno.
¿Y en la mujer?
¡Hummm! ¡A la izquierda!
¿Está usted seguro de que está a la izquierda?
Quiero decir, rectifica el estudiante, entrando, a la izquierda.
Un señor con aspecto enfermizo va al médico y le pregunta:
¿Cómo esta mi corazón?
Podría estar mejor, pero no es para desanimarse, durará tanto como usted.