Últimos chistes de Comidas

En un restorán había una fiesta de puntos (solo puntos) cuando de repente llega una coma, todos extrañados empezaron a reclamar de esto y la empezaron a regañar.
La coma dijo: ¿Acaso no se puede vivir con moño? (peinado)
Estas son dos aceitunas que están haciendo alpinismo y una de ellas se cae y le dice:
¡Uf! Que dolor, creo que me he roto un hueso.
Y le dice la otra:
¿Pero eres tonta o qué? ¿Cómo te vas a romper un hueso si estas rellena de anchoa?
Una mañana un huevito se encontró perdido en medio de un pueblo pobre, pobre, pobre.
Estaba buscando la salida del lugar en medio de calles solitarias, cuando de pronto vio a un poblador hambriento asomar la cabeza por una esquina y que lo miraba con ojos que parecían decir:
Ah, que suerte, ¡Qué rico desayuno!
Entonces, se dio media vuelta y comenzó a caminar en sentido contrario. El poblador empezó a seguirlo. El huevito sin detenerse vuelve la cabeza y nota que ya son dos los pobladores que lo siguen y apura el paso. Mira otra vez y son cuatro, y luego eran diez, y luego veinte; vuelve a mirar y ve toda una turba corriendo tras él. Entonces, el huevito se pone a correr desesperado, en su afán de huir da vuelta por una esquina y se encuentra con un bistec (carne de res a la parrilla) descansando apoyado en una pared y muy tranquilo. El huevito le dice gritando y sin dejar de correr:
¡Corre, salva tu vida, atrás viene una turba! ¡Corre!
A lo que el bistec tranquilo responde:
Corre tú, el lio es contigo.
¡Porque a mí, en este lugar nadie me conoce!
En una frutería estaba la persona que atiende, y llega un fulano fornido, alto y le dice al encargado:
Oiga joven, ¿Cuánto cuesta esta sandía?
Y el otro le contesta:
15 pesos.
Entonces, véndame media sandía.
No señor, no puedo venderle media sandía.
¿Pero, por qué, yo solamente quiero media sandía?
No puedo, porque si la parto se me pierde la otra mitad se pudre señor, le contesta ya enfurecido y sacado de onda. Entonces, dice con un vozarrón:
Déjeme decirle al patrón a ver que dice.
Entra a un cuartucho que estaba en el fondo del negocio, y no se dio cuenta que su cliente lo había seguido y le dice al patrón:
Jefe allá afuera está un tipo que quiere que le venda media sandía y lo mandé por un tubo, le dije que no se podía pero el muy terco necio, insiste.
El encargado le dijo a su jefe pestes del cliente, pero no se dio cuenta de que estaba atrás de él, y le toma el hombro.
¡Cómo dijo!, con voz de enojado.
Y el encargado dice:
Ah, mire jefe y aquí este joven quiere la otra mitad. ¿Qué dice, se la vendemos?
Le dice un niño a su madre:
Mamá, mamá, qué rica está la paella.
Y su madre le contesta:
Pues repite, hijo.
Y dice el hijo:
Mamá, mamá, qué rica está la paella.
Nos encontrábamos, mi esposo, mi hijo de 8 años, y yo decidiendo a dónde íbamos a cenar. Mi esposo me sugieró ir al "Conejito", entonces el niño pregunta:
¿Qué tipo de comida sirven en ese restauran?
Y mi esposo, que tenía un carácter fácilmente irritable, le contesta:
¿Qué crees tú? Si el restauran se llama "El conejito" es porque venden conejo, ¿o no? Entonces, le digo yo, mejor vamos al "Cochinito".
Vuelve el niño a preguntar:
¿Qué sirven en ese restauran?
Mi esposo un poco irritado, le contesta:
Si usaras un poco el sentido común, no harías tantas preguntas tontas.
De momento recuerdo que me habían recomendado un restauran llamado "El Gato Tuerto", y le digo a mi esposo:
Mejor, vamos al "Gato Tuerto".
El niño respondió:
¡Oh no, pero ese gato tuerto se lo comerán ustedes!
Había un señor tan alto que no tomaba café con leche sino que café con Dios.
Resulta que un día estaba Aristóteles en el bosque, cuando de repente ve a Sócrates pasar muy contento con un cucharón en la mano, un tanto intrigado le pregunta:
¿Adónde vas con ese cucharón?
Sócrates muy entusiasmado le responde:
¡A comer con Platón!
Llega un señor a un restaurant y pregunta:
Señor, ¿aquí venden comidas rápidas?
Sí señor, tome su cuenta.
Ayer mi maestro se comió, en la kermes, ¡Treinta hamburguesas y diez refrescos!
¡Ah, caray, me gustaría conocer a tu maestro!
¡Pues, córrele porque hoy lo entierran!
Un señor entra a un bar y le dice al camarero:
¿Cuánto cuesta un café?
El camarero responde:
1 Euro.
¿Y el azúcar? Preguntó el señor.
¡Gratis! Respondió el camarero.
Pues ponme un kilo, por favor.
Esta es una mujer que va a comprar fruta al mercado, y le pregunta al frutero:
¿Estas manzanas son Francesas o Americanas?
Y le contesta el frutero:
Perdone Señora, pero usted piensa comerlas o platicar con ellas.